Detroit 2

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Compremos una casa en Detroit te dije. Me imaginaba la casa. Tú y yo. Un Jardín. Un garaje. Un árbol. Una casa tierna y triste. Un tejado. Apenas marrón. Apenas tejado. Y sus ventanas. Orificios sorprendidos de su suerte. Ojos viendo crecer un desierto en un lugar equivocado. Compremos una casa. Y había miedo en mis palabras. Y entre Detroit y yo un océano. No sólo de agua. La casa. El pequeño porche. La calle silenciosa. Tu falda nueva y blanca agitada con el quejumbroso baile de una mecedora. Tú y yo en Detroit. Una casa grande y hueca. Dejémoslo todo. Compremos una casa. La casa olerá a exilio. Huellas de un abandono apresurado. Como el nuestro. Dos hijos y un matrimonio. Él negro. Ella blanca. Ya casi no se querían cuando todo se fue al garete y nadie cortaba el césped. Mírala. Detroit. La casa. Una ciudad derrotada. Siempre será por la tarde. Un calor incorregible y pesado. Perros a punto de cruzar la calle que a estas alturas es ya una boca desdentada. Compremos la casa. Cien dólares más hipoteca. Solo tendremos que echar a las ratas. Desechar recuerdos dormidos en sus paredes. Arreglar unas tablas y desahuciar a los fantasmas. Hagámoslo. Miraba tu pelo y quise tocarlo cuando lo dije. Detroit. Escribiremos poemas. Uno o dos cuentos. Tal vez nos besemos allí. Mientras la vegetación crece sigilosa y loca. Ocultando la casa. La calle. Ocultando la ciudad. Mi coche.

La aguda vergüenza de nuestra huida.

Inspirado por Xabi Lainez y su Detroit.

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