Las Bellas Ciclistas

bella ciclista dos

Había llegado el buen tiempo,
las bellas ciclistas se contoneaban
encima de sus bicis
llevaban sus tersos glúteos al algún
lugar al que llegaban tarde
y miles de amantes
las esperaban
limpios, aseados y peinados
deseando que las bellas ciclistas
llegaran con su piel levemente lubricada
un leve sudor que es como la
joven fragancia de sus adentros
y que sabe a recolección de primavera
cuando se posa en tu lengua.

 
Todos deseábamos besar
a las bellas ciclistas en la boca
sentir incluso las lujuriosas
livideces de los sillines
de las bicis recién aparcadas
en las ávidas yemas de nuestros dedos.

Todos soñábamos
bajo el atrevido sol de junio
con probar el tacto y la textura
de esas piernas
con las que iban de un lado para otro
ni muy rápido
ni muy lento
(justo como deben hacerse todas las cosas)

Y yo me preguntaba y me pregunto
si no hay alguna metáfora
del mundo
o el universo
oculta y definitiva
en el movimiento circular
e interminable
de aquellas piernas.

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